jueves, 8 de abril de 2021

CONSPIRACIÓN EN LA HABANA

 Es una novela que disfruté mucho escribir. Me divertí mucho tratando de corregirla. Al final nunca estamos conformes del todo con lo que hacemos. Tiene todavía sus problemas de estructura y quizás le sobren un par de capítulos. Pero si quieres reírte un poco con asuntos serios esta es tu oportunidad. Está basada en hechos reales aunque no sean exactamente real todo lo que ocurre. Incluso la misma realidad puede ser algo que te imaginas.

Si quieres leer algo que puede cambiar tu forma de ver la vida lee Conspiración en La Habana, donde verás que la vida es mágica sin que nos demos cuenta. Léela.

Siento mucho haber tenido que quitarla de su acceso público de descarga gratuita en Freeditorial.com donde estuvo colocada por cerca de cinco años llegando a recibir casi tres mil descargas sin haberle hecho más que una pobre promoción entre pocos amigos.

Digo que tuve que quitarla, pero no fue tan así. La quite porque estoy necesitando actualizar mis dispositivos electrónicos para escribir. Mi laptop está al cantar el manicero, ya saben que la canción dice; se va, se va, se va... el manicero se va... y uno se cansa de ser una carga para familiares y amigos y, si otros venden libros, yo voy a probar a ver si vendo los míos y a ver si me gano ¡al menos! para seguir leyendo y escribiendo. Más adelante, voy a ir contando más sobre el proceso de este libro.

Aquí te estoy dejando el link, espero lo compres, y te rías porque, aunque digo cosas muy en serio, no deja de ser un libro humorístico... aunque no de chistes.

Se trata de un libro digital, pero a pedido te lo envían en papel, encuadernado a tu casa a lo sumo en menos de tres días a cualquier parte del mundo.

ttps://www.amazon.com/dp/B08X5WCWVV

martes, 3 de marzo de 2020

Conociéndome en Conozcámonos

"Conozcámonos" es el nombre de un tema de Forodeliteratura.es donde yo tengo un hilo en el que escribo a menudo mis historias sobre cómo asumo el drama de escribir o la comedia de escribir o lo que sea... así comienza:

Saludos,
Es de pensar que poco pudiera importarle a alguien los esfuerzos de otro por conocerse, explicarse el mundo, orientarse en la existencia, etcétera ¡menos aun! cuando tal panorámica se inserta dentro de un camino tan variopinto y escabroso como, puede serlo, el de la literatura y, un tanto más, cuando quien lo expone es desconocido, venido a menos; pero entre los posibles lectores de este hilo que se inserta en la tan noble intención que propone “Conozcámonos”, puede haber ¡al menos uno! a quien le sea propicio ahorrarse algunas horas de trabajo al hallar atajos o sorpresas, si encontrara coincidencias con sus propias inquietudes existenciales.
En realidad, no me mueve ningún propósito pedagógico, no estoy buscando una tribuna, aunque no deje de serlo, de hecho; lo mucho o poco que he aprendido y puedo dar como sentado de su veracidad y confiabilidad práctica en mí mismo, lo he aprendido de otros que hicieron igual. Más bien, los que nos une, a todos los llamados buscadores que encuentran, es el factor común de bastante egoísmo, porque todo lo que hacemos, lo hacemos por nosotros, para nuestro beneficio, satisfacción y agrado, no por los demás, aunque ellos, indirectamente, se beneficien. Ya les diré cómo, más adelante. Cómo es que hago y cómo es que puedan beneficiarse otros.
Y para eso, me aplico yo a la literatura, tal como otros se aplican a tejer alfombras, otros a danzar girando en círculos u otros a cantar mantras en sánscrito. Ya aquí, casi entramos en el tema de los caminos, pero es prematuro hablar de eso ahora. De momento, hablaremos de literatura ¿qué es? ¿para qué la hacemos? ¿para qué y por qué escribimos? ¿para qué leemos? ¿cuál es el objetivo de tener una pasión por escribir o por leer? ¿qué perseguimos, qué buscamos, cuál es el objetivo de leer y escribir? ¿lo hacemos bien? o ¿no es tan así lo bien que lo hacemos o creemos que hacemos? y ¡desde luego! ¿cómo darnos cuenta darnos cuenta de la diferencia? ¡De esto! y de otras cosas afines, escribiré en mi hilo: Conociéndome en Conozcámonos.
2
Tal como a todo el mundo, comencé a sentir atracción por escribir debido a mis lecturas. Por querer parecerme a los autores que leía y, hacer lo que ellos. Y tal como Dios hizo el cielo y la tierra y vio Dios que era bueno, pues así leía, escribía y la verdad es que, si no era bueno al menos, grato era lo suficiente como para querer continuarlo. Y como escribir no solo es un gustazo sino, también, un trabajo del cual se puede llegar a vivir, tal como otros viven de tocar piano, pintar cuadros, jugar pelota, nadar, o hacer zapatos o cualquier otra cosa también quise vivir de eso.
Pero si quieres ser escritor tienes primero que aclararte a tí, qué tipo vas a ser, porque para ser escritor, aparte de que hay que saber de casi todo, hay que saber qué tipo de escritor serás. En primer lugar encuentras el escollo de que en ningún sitio ¡que yo sepa! Te graduas de escritor. Se supone que los escritores estudien filología, filosofía y letras, derecho, historia del arte, licenciatura en historia, periodismo, sociología, comunicador cultural, etcétera, pero en esencia puedes tener un título de cualquiera de estas carreras universitarias no llegar a ser escritor por eso, y muchos escritores y hasta premios nobel de literatura no han tenido ningún diploma de altos estudios académicos. Siempre me llamó la atención que las primeras universidades comenzaron hace acaso trescientos años, y ¡desde mucho antes! ya había escritores importantes quienes habían sentado cátedra por derecho propio, los cuales hoy son clásicos sin haber tenido que soportar ir a la universidad. No voy a metenerme aquí en eso, pero habría mucho que decir sobre la educación académica, sobre la cultura y acerca de la misma civilización, en cuanto a al papel que desempeñan como deformadoras de la conciencia humana y de su responsabilidad con relación al sufrimiento y al deterioro emocional y ético del Homo sapiens, hay suficiente literatura escrita sobre el caso para llenar una bibilioteca.
Voviendo a los conejos de España, ya me había dado cuenta que existen escritores para entretener, para hacerte pasar el tiempo, quienes son como buenos amigos con los que la pasas bien, te ries, te diviertes o no, pero ni te vuelves más listo, ni aprendes nada útil, ni cuando terminas de leerlo, aplicarte a la lectura, hace que tu mujer hable o gaste menos o tu suegra te estime más. Otros, parecidos, no te divierten, pero te subyugan, te atraen, te enredan, te enganchan y por curiosear en las vidas que él se inventa te lees cientos de páginas como un tonto sin lograr ser mejor persona de la que eras antes de abrir el libro y sigues arrastrando una vida que supones aburrida si no lees otro texto; una existencia con prejuicios, pensamientos tristes, miedos, postergando acciones o tomando malas decisiones. Yo, al menos, no quise ser un escritor para niños con toda la importancia que pueda reconocerles, nunca me fue atractiva la literatura infantil tipo Gato con botas, o o Jack y los frijoles mágicos; tampoco los autores de aventuras para la edad heroica de los adolescentes, como Verne o Salgari, Jack London o Walter Scoot fueron mis ídolos ni me hizo querer seguirles con todo y que los leyera en su momento y los recuerde con ese gustillo de simpatía semejante a tener una relación de complicidad sana.
Mis lecturas de adolescencia comenzaron con Martí, Amicis, Herminio Almendros, con Ingenieros, con Vargas Vila, con Quiroga, con biografías de personajes célebres, con Dostoiesky, Zola.
También me di cuenta que muchos narradores continuaban apegados al tradicionalismo de contar historias con un argumento lineal que ponían más enfasis en lo que dicen o sea en el contenido de lo que cuentan, más que en la forma en que lo comunican; y otros, más actuales, que siguen siendo de esos que te entretienen, pero tienen más atención sobre cómo dicen lo que dicen que en lo dicho, como Heminway, Joyce, Yeat, Faulnek, kafka o Proust.
Y ¡catapum! Llegaron quienes tenían de mí o yo de ellos, donde encontré autores que me decían cosas que yo ya había pensado y me hicieron creerme que era como ellos o que ellos fueron como yo, porque leerlos era como conversar con personas que me decían cosas que nadie me había dicho y era como si me hicieran recordar cosas que había olvidado: Unamuno, Ortega y Gasset, Pappini… Gurjieff. Ouspenski, Nicoll

continuará...

lunes, 9 de diciembre de 2019

Reflexiones acerca del amor. Cap. 38



38 OTRAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS SENTIMIENTOS


Hablando sobre estos temas con un amigo, me decía que mis criterios planteaban una supremacía del raciocinio sobre las emociones y que pretendían desproveer, a la persona, de la cualidad humana más preciada: sus sentimientos; en otras palabras, convertirla en un ser duro de corazón. Nada más errado. Es más, yo diría que es todo lo contrario, más bien abogo por una preferencia por las emociones en lugar de la razón.
A mi modo de ver la cultura, desde el Renacimiento a la fecha, ha mostrado demasiada atención por la razón gracias a la política y a la propaganda comercial; mecanismos estos, los cuales, se han valido de atizar las emociones sutiles, la evocación, la sugerencia, la insinuación y los símbolos para ¡Por asociación de ideas! manipular tanto a electores como a consumidores usando las emociones en función de las conveniencias que la razón impone. Así, se han promovido campañas bélicas, con su correspondiente costo humano, mediante el manejo de imágenes y conceptos tales como el azul de nuestros cielos, el verdor de nuestros bosques, el amor a nuestra tierra, a los ancestros o a los símbolos patrios, la inocencia de nuestros niños o la virtud de nuestras jóvenes, o la valentía de nuestros hombres… con la sucesividad se han instaurado prejuicios, tradiciones, normas morales y hasta leyes, como la institución del matrimonio, para anclar al terruño a las familias, y asegurar la gobernabilidad de los individuos.
El caso es que sea o no así, es un hecho que todos nos criamos reconociendo una dependencia, que cada vez es mayor; siempre estamos a merced de padres, tutores, maestros, cónyuges, jefes, banqueros, la nación o la patria que es como decir:el estado o mejor dicho sus dirigentes, etcétera y podrá argumentarse, siendo muy cierto, que nunca podremos ser, en absoluto, independientes pero también es verdad que sobra control porque, una buena parte de tal, es manipulativo y, cuando no, contraproducente; lo cual significa innecesario, todo bajo la disculpa de la buena intención de realizarse por nuestro propio bien, entiéndase del bien de todos los otros como nosotros mismos o sea de los subordinados, hijos, discípulos, súbditos o lo que es igual, de aquellos que aceptan de buen grado tales apelativos.
Por esoes tan importante deslindar entre sentimientos y sentimentalismo, entre sensiblería y sensibilidad. Estamos casi todo el tiempo confundiendo ñoñerías con hechos impregnados de sensibilidad sentimental o con conceptos rígidos y estrechos, lo cual nos lleva a tomar decisiones que más adelante nos serán adversas.
Algo semejante ocurre con el concepto tiempo; así habrás podido oír muchas veces la alarmante y amenazadora expresión de estar perdiendo el tiempo, que alguien le haga estar perdiendo el tiempo a uno, o que uno pueda estar en posibilidad de estar perdiendo o malgastando el tiempo con alguien, ideas por el estilo las cuales surgen del valor que se le otorga al tiempo y de la necesidad de evitar que alguien pueda hacernos malgastarlo ya que este determina la propia vida. Y a esta errada circunstancia las personas, llamadas y tenidas por normales, llaman amor.
Nadie te hace perder tu tiempo. Eres siempre quien lo entrega porque obtienes o crees que obtendrás algún beneficio o gratitud a cambio. No deposites tu responsabilidad sobre ser feliz o sentir amor en la persona o personas de quien supones que te llegará tal retribución. Eres quien haces tu propia felicidad comportándote como si lo fueras y estás aquí para dar amor viviendo como si fueras el amor mismo y si te lo dan de vuelta ¡disfrútalo! Es agradable pero no lo necesitas ni hay seguridad de que ocurra, y que tal sea así no es una pena ni significa que algo esté equivocado de parte de la realidad.
Mira, sin duda las relaciones humanas son formas de transacción, convenios no escriturales que dan por supuestas ciertas conductas. Algunas, como el matrimonio, han devenido en institución normada mediante contrato legal aunque las personas continúen invirtiendo y desarrollando talempresa basándose en acuerdos no discutidos pero en los cuales ¡increíblemente! las partes dan por supuesta la seguridad del consentimiento de sus contrapartes, que así resulte da lugar a justas infracciones, errores lógicos, malentendidos, tergiversaciones y malas interpretaciones todo lo cual concluye en terreno fértil para infidelidades, vidas infelices o definitivas disoluciones del vínculo. Y si esto da lugar en el matrimonio; relación, como dicho, establecida mediante documentos legales firmados ante notario y amplia repercusión social y hasta bajo bendición divina ¿Cómo podríamos esperar un comportamiento diferente en otras relaciones menos oficiales (entiéndase más relajadas) tales como comportamiento entre novios, amistades, familiares, vecinos o compañeros de trabajo?
Acerquémonos más a la situación. Digamos que dentro de una relación cualquiera (aunque nuestra prioridad en este texto resulta una relación amorosa o de pareja) pides ayuda sobre cualquier trabajo o asunto y no aclaras en qué forma quieres que te ayuden. Esto da a entender que no tienes un definido criterio sobre el caso y te da lo mismo como se afronte la solución del problema, su ejecución, velocidad o método de gestión, etcétera. Iniciada la ayuda solicitada, descubres desacuerdo con tu punto de vista o con tu estilo de hacer las cosas, en fin. Esto, por lo general, puede ser mal recibido por quien ofrece la ayuda convirtiéndose en inicio de una disputa o pasarse por alto si es primera vez, pero quedar grabado y resurgir en otro momento. Funcionamos así en enorme mayoría.
De modo tal, si alguna vez necesitas ayuda para algo piensa bien cómo quieres recibir la ayuda y deja claro los puntos y si no hay acuerdo no aceptes la ayuda, aunque no la hayas pedido; si acaso, pide una opinión sobre cómo resolverlo y jódete y asúmelo tú, pues el problema es tuyo.
Desde otro ángulo, si ves a alguien en apuros necesitando le echen una mano y deseas ayudarle siempre pregunta: ¿Cómo quieres que te ayude? Y olvídate de cómo lo harías si fuera tuyo el problema. Ahora bien, si las condiciones exigidas son demasiadas y no vas a sentirte cómodo durante la tarea, al extremo de peligrar la calidad final del trabajo o, al aplicarte de tal forma, vas a consumir mucho más tiempo del que dispondrías al hacerlo a tu manera pues ¡Posición anterior! Y que siga buscando ayuda o aprenda a resolver sus propios problemas. Amar a alguien no significa sacarle las castañas del fuego cada vez que se le trabe el paraguas… o más o menos; ni significa ser su sirviente. Amar a alguien es ayudarlo a hacerse cargo de su vida y asumir la responsabilidad y los riesgos de vivir, así como contribuir a la elección o descubrimiento, de un propósito de vida, una misión existencial, la realización de sus sueños; pero nunca, sacrifiques los tuyos por los de otros, aunque suene egoísta. Nunca te permitas que tus actuaciones se vuelvan reacciones automáticas, repetitivas, esperadas, predecibles o por costumbre; hoy actúas de una forma y mañana de otra; hoy dices que sí porque quieres, porque lo disfrutas y porque te da la gana, y mañana di que no tan solo para variar, para que el sí, no se vuelva rutina; ten en cuenta los beneficios de la lluvia, pero observa que no siempre llueve. Tampoco tienes que ser así como te digo porque, al final, ser feliz, no es obligatorio.

lunes, 13 de agosto de 2018

REFLEXIONES ACERCA DEL AMOR



REFLEXIONES ACERCA DEL AMOR
Texto registrado en el centro nacional de derecho de autor de la república de cuba
Eduardo N. Cordoví Hernández 
Contactos; edwacor@gmail.com
Julio/2018


CONTENIDO
                
La inmensa mayoría de las personas que conforman lo que llamamos la humanidad, vivan donde vivan ¡En cualquier parte del mundo! y sin importar el idioma que hablen, siempre que esos lugares sean tan solo medianamente civilizados, estarán de acuerdo con que cada uno de sus hijos estudie y se prepare para ser alguien en la vida. Siguiendo esta idea, muchos estados han legislado leyes en las cuales se decreta el carácter obligatorio de la enseñanza; pero si vamos a ser precisos, prácticos y objetivos, creo hay algo que se pierde de vista con esta intención, y es que, como ejemplo sencillo, una persona pasa en aulas unos dieciocho años de la mejor parte de su vida (siete años de primaria más preescolar, tres de estudios secundarios, tres más de estudios preuniversitarios y cinco de una carrera profesional) todo para prepararse a fin de ser ¿qué? ¡Ah! Dijimos que: para ser alguien en la vida. Al cabo de esto la cosa quedaría como que ser alguien en la vida se resumiera en obtener un diploma universitario pero, en lo que suele llamarse la vida real, el hecho de que una casa de altos estudios académicos te extienda un diploma acreditativo por haber vencido una cierta cantidad de asignaturas solo sirve para certificar tu aptitud para desarrollar un trabajo profesional, algo que tiene más afinidad con los objetivos de la sociedad y el estado que con los propósitos iniciales de tus padres, porque ser alguien en la vida puede llegar a ser algo mucho más complicado de lo que ordinariamente se cree; y sería tu capacidad para resolver problemas simples de la cotidianidad lo que estaría en juego o que el no poderlos resolver fueran capaces de hacerte perder la ecuanimidad o el sentido del humor, así como ¡además! Y que ¡Con tan solo un poco de destreza en asuntos simples de la vida! pudieras lograr optimización y eficiencia en tus relaciones con otras personas, ya sea en el mercado, en el vecindario, en tus relaciones laborales, familiares o de pareja, dicho en una palabra un tanto compleja: que pudieras ser feliz, hacer feliz a otros y que los inevitables golpes de la vida apenas pudieran afectarte, algo que ¡seguro! es lo mismo que deseas para tus propios hijos.
Sin embargo, nada de esto último que comento al final del párrafo anterior es lo que ocurre, pues pocas personas son felices, haber dicho ninguna hubiera sido exagerado, pero más exacto sería añadir que son muy pocas.
Los años pasados en las aulas no nos preparan para sobresalir marcando nuestra diferencia sino para formar parte de una manada lo suficientemente inteligente como para realizar un trabajo: construimos sus[1] ciudades, operamos sus máquinas y luchamos sus guerras, todo lo cual sirve para enriquecer más a los banqueros multimillonarios dueños de las empresas transnacionales donde laboramos, aunque no es el dinero lo que los mueve sino el poder, el dinero es el medio mediante el cual nos controlan para que comamos y estemos entretenidos, ellos nos dan el dinero y nosotros les entregamos el mundo. Spencer Cathcart.
Pero, en realidad, todo comenzó mucho más atrás, cuando éramos niños. Desde esa edad nuestro entorno familiar, nuestros padres o tutores por medio de la cultura y las tradiciones nos condicionaron, entre otras muchas formas de conducta, para creer que la opinión de los otros es más importante que la nuestra, a resolver los problemas mediante la violencia, nos enseñaron a rendir culto a los ganadores y rechazar a quienes pierden, etcétera…
En ningún lugar te enseñan a ser feliz, nadie ostenta un diploma de eso. Sería más productivo que las personas aprendieran a ser felices antes de ser médicos o ingenieros en algo, pues serían más eficientes, se cometerían menos errores y se divertirían trabajando.
Que no haya escuelas de ese tipo no significa que no exista un conocimiento metodológico elaborado al respecto, disponible, sencillo, barato ¡casi gratis! y de calidad, el problema es que tal enseñanza en su mayoría está dispersa y debe ser hallada, reunida y puesta en práctica y eso es un trabajo que nadie quiere hacer porque piensa que va a ser feliz cuando se case, cuando se jubile o cuando se gane el premio gordo o cuando las cosas mejoren o, tan solo, cree que ya lo es; pero lo peor del caso es que las personas creen que son felices cuando están alegres o cuando pasan momentos agradables, tan solo no saben qué es felicidad, como no saben muchas otras cosas que creen saber: como cuando dicen que aman, sin saber lo que es amor o cuando luchan por una paz que nunca han conocido y solo saben de ella por lo que oyen decir o por la libertad que nadie les ha quitado. Aunque esto es otro tema, aunque también voy a escribir sobre, él, aquí.
El verdadero problema es mucho más trágico de lo que la gente imagina porque sucede que no sabemos vivir, no sabemos para qué vivimos… la propia idea de querer llegar a ser alguien en la vida implica ya un cierto conocimiento de no ser algo. Todo quien haya alcanzado un título académico sabe que se quedó corto, siempre va a faltarle un posgrado, un diplomado, hacerse máster, hacer una candidatura, un doctorado o ganar un Premio Nobel pero ¡aun así! puede que arrastre una vida triste porque no soporta a su suegra o a su jefe, porque es hijo de una prostituta o le tiene miedo al acosador ex de su mujer y quien intenta recobrarla…
Por lo regular creemos que la verdad es nuestra opinión acerca de la realidad, olvidando que entre nosotros y la realidad se halla el velo de nuestra propia interpretación acerca de ella y, olvidando además, que cada cual tiene sobre ese asunto una versión distinta no menos válida. Vivir sin conflictos con las personas que tienen otras valoraciones, opiniones y verdades es lo que unos llaman amor y otros llaman democracia.


[1] Se refiere a las personas quienes forman la élite del establishment que detenta el poder estatal, político-financiero, etc.

martes, 24 de abril de 2018

APOLOGÍA DEL EGOÍSMO



                                                                                                    
         
Si las palabras tuvieran mala suerte, yo diría que, egoísmo, es una de ellas, pues todo el mundo habla muy mal sobre el egoísmo y nadie quiere ser llamado egoísta.

Sin embargo, existe una antigua máxima que, en el Nuevo Testamento de la Biblia, fue puesta en boca de Jesús, y dice: ama a tu prójimo como a tí mismo. Esta orientación, refrán, normativa, o como se llame, muy a pesar de ser cristiana es aceptada hasta por los más recalcitrantes ateos porque no se puede negar que es evidente su llamamiento a la concordia, al amor entre los seres humanos.

Pero ¿Quién es tu prójimo? Bueno tu prójimo es: otro, cualquier otro como tú. Eso está claro, ahora bien fíjate que no dijo que lo ames menos que a tí; tampoco dijo: más que a tí; sino COMO A TÍ MISMO, o sea igual que a tí.

De modo tal; sea yo cristiano, musulmán, budista o ateo, para realmente amar mucho a mi prójimo, lo cual todo el mundo concuerda que es un ideal loable, debo amarme primero, mucho, a mí mismo.

Sabes muy bien que hay personas que no se aman suficientemente a sí mismas, no es que no se quieran, ni que se quieran poco, sino que se quiere deficientemente. ¡Vaya! que algunas veces dicen que no a cosas que les gustaría decir sí, o dicen sí a otras por las cuales se morirían por decir rotundamente no, pero por miedo, por cobardía, por falsos deberes o compromisos, en fin, no lo hacen y sufren en silencio. Estas personas no son honradas consigo mismas porque si a mí, que (hipotéticamente) tengo dinero y otras amistades a quienes pedirle, me dan el poco de azúcar que les pido y sufren por quedarse sin el único poquito de azúcar que tienen e internamente se quedan pensando: ¡Contra! ¿Este tipo venir a pedirme a mí con tanto dinero que tiene?!Ñoooo!

Concordarás conmigo, que su pensamiento hacia mí no resulta muy amoroso. Pero con cierta justicia o no, no podemos hablar de amor en tal caso. Estas personas que se aman poco y quedan desvalidas ante un descarado como yo, no puede y no está en condiciones de amar a nadie, sus sentimientos hacia los demás están regidos por miedos, falsos sentidos del deber, por compromisos, compulsiones religiosas, obligaciones morales, tradicionales, etcétera.

Entonces, para quererse bastante uno y estar en condiciones de poder amar sin contradicciones a nuestro prójimo, debemos amarnos bastante nosotros mismos, pero, eso quiere decir que debemos convertirnos en egoístas, porque egoísmo significa, etimológicamente, amor desmedido a uno mismo.

Quizás ese miedo a amarnos mucho, hasta que pueda ser dañino, provenga de la falsa creencia de que interiormente tenemos límite para el amor, que debe llegar un momento en que uno no pueda contener más amor, pero eso es falso, repito. Puedo amarme infinitamente. No tenemos límites hacia adentro.

También sea por costumbre que no hayamos reparado en que usamos mal la palabra, alguna vez quizá, alguien de rango, con mucha autoridad la empleo con este sentido y todos los demás continuamos repitiendo como papagayos.

Otras palabras quizás sean más dañinas: como egolatría, que significa culto del yo, o sea creerse dios. Un ególatra se siente endiosado. Tal vez, egocentrismo, que quiere decir creerse el centro de todo. O egotismo, que es el sentimiento exagerado de la personalidad, me parece la que más razón tiene de ser quien termine por disfrutar de los valores que le atribuimos con impropiedad a la palabra egoísmo, y que pasemos, definitivamente a amarnos todo lo más que podamos, a amarnos mucho, mucho para, de la misma forma, estar en condiciones de amar, de igual manera, a nuestro prójimo.

De modo que usando toda la propiedad que nos confiere la Etimología podemos decir que la humanidad necesita que nos volvamos egoístas ¡Pero mucho! o lo que sea, que en definitiva la cosa no es de palabras sino de hechos reales y que no lo hagamos por el otro sino por nosotros, porque amándonos más seremos más felices y la dignidad humana está necesitando eso para su subsistencia.

Y hasta la próxima analecta...